¿Sin lugar para el ruido?

Por: Dr Jekill y el Sr Hyde.
Todos los que han realizado o intentado hacer un concierto de Metal en Colombia, conocen de primera mano las dificultades que conlleva lograrlo: permisos, lidiar con la policía, publicitar el evento, convocar público, conseguir el sonido, capotear los críticos y la censura, entre muchos otros. Como si este panorama ya no fuera lo suficientemente difícil el déficit de espacios se convierte en la nueva pata que le sale al cojo para terminar de convertir el trabajo por el Metal en una quijotada.

En la ciudad de Bogotá diversos escenarios que hacían parte de la escena de la música extrema y alternativa han venido desapareciendo paulatinamente, nombres que todos referenciábamos como “La mama”, “Auditorio Lumiere”, “Teatro Lux”, desaparecieron o le dieron paso a otras actividades económicas, hasta en parqueaderos se han convertido, dejando un enorme déficit cultural en una urbe caótica que clama a gritos espacios para desarrollar actividades culturales. Para entender la preocupante situación se deben aclarar diversos puntos que ponen de manifiesto el estado actual de cosas y posibles soluciones.

1. Debemos entender que la escena es disímil y por consiguiente las necesidades y escenarios deben variar según el espectáculo, en ese sentido preocupa como los bares desaparecen y los espacios que otrora albergaron conciertos, por ejemplo los salones comunales, hoy están vetados para muchas actividades culturales. Por otro lado los conciertos de bandas nacionales e internacionales con aforos medios, es decir, no más de 1000 personas carecen de espacios o por diversas razones han sido censurados o la legislación pone tal cantidad de trabas que resulta casi imposible llevar a cabo sus actividades.

En este punto es importante ver las dificultades en términos legales para la aparición de espacios para la música en vivo, el plan de ordenamiento territorial de Bogotá –POT- iguala los espacios de música en vivo con bares y otros establecimientos ubicándolos en zonas de tolerancia, en este sentido el distrito no diferencia las actividades, generando trabas legales para una actividad que a todas luces es radicalmente disímil por su aporte cultural. Por otro lado políticas de renovación urbana han eliminado espacios como el “Auditorio Lumiere”, la administración de la ciudad plantea que estos escenarios serán reemplazados, pero según diversos críticos el proyecto no deja en claro la forma de hacerlo y contemplan que el proyecto tiene fines comerciales y no culturales, situación que deja de nuevo a la escena musical no mainstream por fuera del acceso a estos escenarios.

2. La ley 1493 de 2011 o “Ley de espectáculos públicos” –la cual tuvo participación en su concepción de empresarios del sector y especialistas en tema de boletería- busco simplificar los trámites y el tema tributario, logrando de esta manera un rebaja de impuestos para los espectáculos, pasando a pagar un porcentaje de 10% sobre la boletería de espectáculos con un valor de $100.000 o más por entrada, recaudo que debe utilizar el ministerio de cultura para la creación y mejoramiento de equipamientos culturales en la ciudad o municipio donde se realice el espectáculo. Hasta el momento se han recaudado más de 100mil millones de pesos por este concepto lo cual ha beneficiado diversos escenarios culturales, especialmente para las artes escénicas. Es innegable el aporte de la ley, tanto en términos de ampliar la oferta de espectáculos masivos, su aporte a la oferta cultural y la dinamización del sector, como de la posibilidad de mejorar los escenarios existentes. Sin embargo surge la pregunta, ¿esos recursos benefician también la escena rockera y la difusión de los artistas locales? Hasta el día de hoy, a casi 8 años de la implementación de la ley el beneficio está por verse y por el contrario los escenarios son cada vez más escasos.

Es evidente que esta iniciativa beneficia principalmente a los grandes espectáculos, pero, ¿dónde queda el resto? El nuevo gobierno plantea como una de sus hojas de ruta la economía naranja que busca fortalecer las industrias culturales, pero ¿cuáles industrias?, ¿no es evidente acaso la manifiesta contradicción en este sentido al plantear en la ley de financiamiento un iva para espectáculos públicos? Por fortuna la presión del sector logró que este tributo saliera de la iniciativa, sin embargo queda mucho por hacer y parte del trabajo de todas las personas que siguen luchando para que se reconozca la industria asociada al Metal es poner estos temas en la discusión pública para evitar que la cultura sea estratificada y se entienda que una sociedad que promueve la cultura es una sociedad que da pasos adelante en su desarrollo. La otra cara de la moneda consiste en como conquistar nuevos espacios, hacer que la sociedad en su conjunto entienda que el Metal es una actividad cultural más y por lo tanto no puede ser censurada ni limitada, la escena del Rock y del Metal se construye día a día y es mucho más que Rock al Parque.

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