domingo , abril 14 2024

Monsters Of Rock, El Primer Rugido del Monstruo en Colombia

El Primer Rugido del Monstruo

Como un éxito a varios niveles podría catalogarse la primera edición de la franquicia Monsters of Rock realizada en Colombia. Pese a que no todos los asientos estuvieron copados y a notorias fallas en el sonido del P.A. de refuerzo dispuesto para las localidades posteriores, el peso de las leyendas citadas se hizo sentir en una jornada caracterizada por espectáculos marcados por el virtuosismo y la grandilocuencia del rock n’ roll.

Fotos por Wilson Ramirez Factor metal

Allí estuvimos para contarles en tiempo real y contextualizar la presencia de cada uno de los shows, ocurridos de manera puntual. Con la difícil misión de abrir las acciones, Angra demostró las sobradas capacidades de su formación actual. El carisma de Helloween justifica ese aprecio que ha convertido a Colombia en una parada obligada en cada una de sus giras. Ya resulta extraño pensar en los alemanes sin la presencia de Michael Kiske, Kai Hansen y el sonriente maestro de ceremonias, Andi Deris, tras lo que se conoció en su momento como «Pumpkins United». En una presentación de festival, concentrada y al grano, tuvimos la aparición de «If I Could Fly» en el set, número no tan frecuente en un catálogo familiar para la audiencia nacional.

Fotos por Wilson Ramirez Factor metal

Deep Purple ofreció, para nuestro gusto, la mejor actuación de la noche. Armados de valores que tras más de cinco décadas siguen sin ser negociables, las conversaciones entre el soberbio teclado de Don Airey, que hace sonreir a Jon Lord en el otro plano, y la sorprendente guitarra del recién llegado Simon McBride se convirtieron en un auténtico deleite. Desfilaron por el set números de sus trabajos más recientes junto a clásicos universales de la música como «Smoke On The Water», «Hush», «When a Blind Man Cries» y «Black Night». McBride, relativamente desconocido, llegó en reemplazo del gran Steve Morse, y demostró calzar a la perfección en un puesto de máxima exigencia, que además incluye poner su propia firma sobre material en su momento compuesto por Ritchie Blackmore. Por naturaleza, los espectáculos gigantes como los de Scorpions y Kiss requieren una planeación milimétrica, lo que inevitablemente los lleva a rozar lo cuadriculado y sobreensayado. Deep Purple aún tiene esa capacidad de dotar su show de espontaneidad y pureza, guiados por los miembros clásicos en la sección rítmica, Roger Glover y Ian Peace, y un digno Ian Gillan a quien vimos luchando un poco con la altura bogotana, pero que como un héroe capotea las dificultades de la edad y el entorno de manera magistral (preocupa el temblor de su mano ¿está enfermo el gran Ian? esperemos que no sea así). Bellísimo momento.

Fotos por Wilson Ramirez Factor metal

Una sólida presentación brindaron los teutones Scorpions propulsados por el combustible que aporta el ex Motorhead Mikkey Dee en los tambores. Estos creyentes del rock, que acarician las seis décadas de servicio a la música, dan buena cuenta de su profesionalismo con un Rudolf Schenker nada menos que icónico en su presencia escénica, pese al fallecimiento de su hermana Barbara hace apenas un par de días. La distintiva voz de Klaus Maine se hizo sentir en piezas emotivas como la archifamosa «Winds of Change», modificada para ponerla a tono con la situación actual en Ucrania. Además de baladas como la mencionada, «Send Me an Angel» y «Still Loving You», la banda de Hannover repartió una buena dosis de caña con canciones como «Blackout», «Rock Believer», «Rock You Like Hurricane» y cortes de vena blusera como «The Zoo».

Fotos por Wilson Ramirez Factor metal

Cuando se habla de Kiss, la imagen mental, junto a los característicos maquillajes y atuendos, viene invariablemente acompañada por un espectáculo desbordado en pirotecnia y trucos escénicos. En su cuarta aparición en Colombia, ampliamente publicitada como la última(?) Genne Simmons, Paul Stanley, Tommy Thayer y Eric Singer dieron todo lo que se esperaba de ellos y a juzgar por su ímpetu sobre la tarima, el combustible está aún lejos de agotarse. Una sorprendente interpretación de «Beth», con Eric sentado al piano rindiendo honores al Catman original, Peter Criss, brilló en medio de un repertorio con algo para cada quien. Si fuera esta realmente su despedida, se ha dado añ modo de Kiss: por todo lo alto.

Monsters of Rock era un riesgo teniendo en cuenta que la mayoría de su cartel ya tiene una regularidad en la agenda de conciertos del país. Algunas de ellas pisaron territorio nacional hace menos de un año, lo que pudo afectar en alguna medida la asistencia, el Campín lució lleno pero con claros algunos claros en las gradas, cuando el cartel presagiaba un sold out seguro. En todo caso, un evento de esta envergadura hace apenas unos años resultaba imposible en Colombia y con franquicias como Knotfest también reclamando la confianza del público, el balance es positivo a todas luces en lo que respecta a la oferta de música en vivo para Bogotá. Siempre hay temas que revisar: las fallas de sonido no deberían ser un tema tratándose de bandas con tan altos estándares. Los precios exorbitantes, pueden estar justificados en alguna medida, pero ampliar la oferta a opciones más amables con el bolsillo puede sumar a la experiencia general, que es finalmente lo que ña gente busca al pagar su entrada. Con todo, este primer rugido de los monstruos del rock pasa directo a la historia como uno de esos días para recordar en los años por venir.

Por Fabián Esteban Beltrán.

Fotos por Wilson Ramirez Factor metal

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