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Maestros de la Disciplina Germán Villacorta

Germán Villacorta es un ingeniero de sonido peruano que se ha ganado un lugar de respeto en la industria musical mundial. Su paso por el campamento Ozzy Osbourne lo conectó con una de las leyendas más grandes del metal, y desde allí su nombre empezó a aparecer en proyectos con artistas como Metallica, Rolling Stones o Alice Cooper. Hoy, con una mirada puesta en Latinoamérica, Villacorta reflexiona sobre lo que significó trabajar con el “Príncipe de las Tinieblas” y sobre el presente de la música en Colombia y la región.

Sobre su trabajo en las regrabaciones y mezclas con Ozzy

GV.Yo llego al campamento Ozzy como ingeniero de sonido. La producción en esos discos era limitada, porque Diary of a Madman y Blizzard of Ozz ya estaban hechos. Panuncio, como productor, se aseguraba de que lo que regrabábamos se pareciera lo más posible al original. Pero el que dirigía todo en el estudio era yo: grabación, mezcla, tomar decisiones. Escuchaba cada toma y le decía a los músicos qué había que cambiar.

Hasta cierto punto, estaba haciendo trabajo de productor, aunque mi rol contratado era el de ingeniero de grabación y mezcla. Lo mismo ocurrió en Live at Budokan, donde trabajábamos sobre canciones ya lanzadas, parchando cosas y regrabando detalles. La parte clave fue la mezcla en 5.1. Ese disco, durante años, fue considerado por Epic/Universal como el mejor disco en vivo de su catálogo, y eso nos hacía sentir muy bien.

El éxito vino porque diseñé una manera distinta de trabajar el 5.1, adelantada a lo que hoy es el Dolby Atmos, veinte años antes. Eso nació de una conversación con Bob Ezrin (productor de Pink Floyd). Me contó que en los 70 intentaron experimentar con quad, pero no funcionaba. Al escuchar lo que él hubiera querido hacer con Pink Floyd, lo adapté con la tecnología de ese momento y diseñé un método propio. Fue un éxito: a Sharon le encantó, y desde ahí me llamaban para mezclar todos los shows importantes, desde la NFL hasta la presentación para el Príncipe de Inglaterra.

Anécdotas memorables con Ozzy y Sharon

GV. Una vez, en plena mezcla de Live at Budokan, llegué un poco tarde al estudio. Para mi sorpresa, Ozzy ya estaba allí… ¡y yo con traje y corbata! Me dijo que de donde venía, le comenté que de de juramentar como ciudadano estadounidense. Me dijo yo en tantos años nunca me he tenido que juramentar, Yo lo miré y le respondí en broma:

—“Bueno, Ozzy, de repente el haberte puesto a orinar en el Álamo no te ayuda mucho”.

Se largó a reír y pasamos un momento muy divertido.

Con Sharon la experiencia fue distinta. Ella casi nunca iba al estudio. Pero un día entró junto a Ozzy mientras escuchábamos “S.A.T.O.” a todo volumen. Cuando terminó la canción, ambos salieron sin decir nada. Yo pensé que el proyecto había terminado para mí. Al rato, Sharon volvió, me abrazó y estaba llorando. Ozzy también. Era la primera vez que escuchaban tan de cerca las pistas originales de Randy Rhoads desde su muerte. Fue muy emotivo.
Yo mismo me quebré cuando empecé a mezclar “Crazy Train”. Tuve que detener la sesión, salir a respirar y llamar a mi esposa casi al borde de las lágrimas. Sentía que estaba mostrando a Randy como nunca antes se había hecho. Incluso dejamos detalles humanos, como una nota equivocada en una de las guitarras, porque eso lo hacía más real.

El impacto en su carrera

GV. Trabajar con Ozzy abrió muchas puertas. La gente empezó a recomendarme y terminé colaborando incluso con Metallica, Rolling Stones y otras bandas. Sin embargo, tomé la decisión de girar hacia Latinoamérica, para llevar esa experiencia a nuestras bandas.

Trabajé con Polvo Cabruto, Massacre en Perú, Krönös en Cali, y con muchas más. Eso me conectó con festivales como Rock al Parque, donde fui invitado varias veces como jurado, conferencista y parte de las ruedas de negocios. Curiosamente, mi primer artista colombiano no fue de rock ni de metal, sino Totó la Momposina. Ella me contactó porque había escuchado un disco de música afroperuana que produje en Los Ángeles. Terminé yendo de gira con ella por EE. UU. antes de trabajar con bandas pesadas.

El panorama actual en Colombia y Latinoamérica

GV. Colombia ha crecido muchísimo en los últimos 15 años. Cuando participé en Rock al Parque como jurado, insistía en que no debíamos pensar solo en “lo colombiano”, sino en lo internacional. Eso ayudó a que muchas bandas empezaran a mirarse como proyectos globales.

Hoy, los estudios son más accesibles, y las bandas pueden abrir conciertos de artistas internacionales, lo cual les permite aprender directamente de ellos. Argentina perdió mucho terreno desde los 2000; Colombia, en cambio, ha superado esa barrera y tiene bandas con mentalidad global.

El problema persiste en la falta de compromiso: muchas bandas dependen de un solo miembro que invierte dinero, mientras los demás no. Eso no funciona. Además, la imagen es clave: muchas veces veo fotos de bandas que parecen cualquier cosa menos un grupo profesional. El producto debe ser impactante tanto en lo sonoro como en lo visual.

Hoy en día, no importa si tocas en el Ozzy Bar o en el Movistar Arena: necesitas visuales, necesitas marketing, necesitas equipo. Y tu música debe atrapar en segundos. Antes los A&R te daban 30 segundos; hoy un oyente en redes sociales te da dos o tres. Si no lo capturas rápido, pasa a la siguiente canción.

En resumen: invertir en tu proyecto, rodearte de la gente correcta, tener una propuesta visual fuerte, y sobre todo, componer canciones que la gente quiera escuchar. Ese es el camino.

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