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SATÁN USA CRESTA MOHICANA

Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez #ElProfeDelMetal
Un saludo metalero. Ya terminando un año particularmente difícil, era de esperarse que este cierre de 2018 no diera tregua, afortunadamente aquí estoy de nuevo con ustedes. Hace poco me invitaron a participar en una mesa sobre multiculturalidad en la UNAD, donde por supuesto puse la cuota de estudios de música metal, e hice algo que a los politólogos nos encanta: comparar. En mi ponencia hice un comparativo entre las subculturas del Punk y el Black Metal, que a pesar de existir cierto antagonismo histórico entre ellas dos motivado principalmente por diferencias filosóficas y políticas, ambas generan mucho interés dentro de las ciencias sociales y la literatura especializada en estos temas. Para aquellos interesados hay un video de la ponencia en youtube, pero aún así aquí les presento una versión abreviada de la misma con un pequeño adicional.

Antes que nada, para lograr esta comparación me basé en el concepto de subcultura de Dick Hedbige, en el cual un grupo social manifiesta una resistencia hacia la cultura dominante de manera simbólica, ya sea por su indumentaria, estilo de vida, o manifestaciones artísticas. Es claro que tanto el Punk como el Black Metal cumplen con esta definición, pero en función explicar la fascinación que ambos generan mi primera variable fue argumentar que ambas subculturas van más allá de lo simbólico; en el caso del Punk es fácil de demostrar, debido a los actos de protesta en los que han participado varios de sus adeptos, en especial, la corriente Anarco Punk que intenta ser más consecuente con sus proclamas políticas desde la banda Crass. El caso del Black Metal tampoco es difícil de demostrar, al ser muy famosos los actos perpetrados por algunos de sus adeptos que incluyen suicidios, homicidios y quemas de iglesias, no se puede dar por descontado que el cliché generalizado del metalero como un individuo satánico y destructivo proviene de aquí, y es parte infaltable de cualquier libro sobre Metal.

Sumado a esto, la segunda variable que utilicé para explicar la fascinación que generan estas dos subculturas es el manejo de la imagen que ambas tienen, siendo un hecho ineludible lo vistosos que pueden llegar a ser los músicos y fanáticos de ambas corrientes. Por un lado, las crestas de colores, los taches, y la apropiación de indumentaria militar del Punk proveen de mucha notoriedad a esta subcultura, además, es de notar su arte basado en la fotocopiadora para sus discos y sus fanzines, lo que le da un aspecto adicional de suciedad bastante consecuente con su simbolismo. Por otro lado, el Black Metal también se hace bastante notorio en su imagen con su corpse paint, atuendos monocromáticos, clavos y armas antiguas, y por supuesto, la apropiación de símbolos satánicos y ocultistas, el uso de cabezas de animales, y de especial atención, la exposición de paisajes hostiles para los seres humanos en sus portadas. Curiosamente, en este tema de imagen se podría decir que, a pesar de sus intentos por mantenerse subterráneos, el Punk y el Black Metal se han convertido en imágenes representativas no oficiales del Reino Unido y Noruega respectivamente.

De todos modos, si nos atenemos a lo musical, no se puede decir que el Black Metal y el Punk estén a mucha distancia, por lo menos en sus inicios dentro del primero, Venom se ufana de su calificativo de “punks de pelo largo”, y Quorthon de Bathory y Tom Fischer de Hellhammer aseguraron que entre sus primeras influencias estaban bandas de Punk extremo como G.B.H. o Discharge (también me gusta señalar al baterista crestón de Sarcófago). Hoy en día, bandas consideradas insignias, como Satyricon o Darkthrone han tenido acercamientos musicales con el Punk en sus últimas producciones, y también somos testigos de la aparición del subgénero Blackened Crust con bandas como Iskra o Bestial Nihilism, que como su nombre lo dice, mezcla las sonoridades del Black Metal con Crust, uno de los subgéneros extremos del Punk que tuvo alguna interacción con los orígenes del más vistoso de los géneros extremos. No obstante, el Blackened Crust también adoptó las consignas políticas de su parte punk, lo cual a generado grandes críticas entre varios de los adeptos del Black Metal que consideran que este debe estar por encima de cualquier política, y ni hablar de las provenientes del sector ultraderechista del Black.

Coincidentemente, unos días después de haber hecho mi ponencia me llamó la atención un calificativo utilizado hacia algunas bandas de Black Metal con el nombre de ‘Norsecore’, usado como un nombre despectivo a las bandas de este género cuya sonoridad usa y abusa de tempos rápidos y blast beats. Aunque ha sido difícil rastrear el origen de este término, todo parece indicar que se utilizó para describir principalmente a bandas suecas como Marduk, Dark Funeral o Watain, aunque algunas noruegas como Tsjuder o 1349 también encajan aquí, que en efecto parecen apropiarse muy bien de la definición original del sufijo “-core” proveniente del Punk entendida como una proclividad a las altas velocidades; es de entender que se dijera como un insulto, al ser proferida en un momento de mayor antagonismo entre ambas subculturas, y por eso ninguna banda hizo lo “punkero” de darle la vuelta al insulto y apropiárselo como sello personal.

Además, esto lo asocio con lo que relata Dayal Patterson en su excelente historia del Black Metal, donde le atribuye a las bandas suecas un carácter más urbano que las noruegas, mucho más cercano a la cultura motociclística que tanto influyó al Punk y al Metal. También, en lo personal le agregaría la posible influencia que las bandas del abrasivo Rå Punk originario en Suecia, con bandas tales como Anti-Cimex, Mob 47 o Asocial tuvieron sobre muchas de las bandas de metal de ese país. Así entonces, aunque ninguna banda se defina a sí misma como Norsecore, me parece un descriptor bastante interesante para esas bandas de Black que consciente o inconscientemente heredan del Punk ese gusto por las altas velocidades, y que las hace tan bacanas.

Finalmente, en estas épocas de convergencias no sorprenden que se den este tipo de convergencias, y se superen viejas rivalidades para lograr sonoridades mucho más agresivas, violentas y extremas. Con todo esto, no quiero decir que el Punk y el Black Metal vayan a dejar de existir como entidades separadas, ni tampoco estoy haciendo un llamado a la ‘gran integración’, simplemente quise satisfacer mi curiosidad académica por géneros y subculturas que encuentro muy interesantes, y con los que a mi modo logro cierta identificación con ambos. Precisamente, la idea de estudiar los géneros extremos en todas sus expresiones es lograr encontrar esos puntos en común que pueden llevar un mejor disfrute de los mismos, y es en el conocimiento de las cosas donde las podemos llevar a su mayor transgresión.

¡Cuernos arriba!

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