PRIMERA ESCENA: UN PROFE ENTRA A UN CONCIERTO…

Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez #ElProfeDelMetal
Un saludo metalero. Existe un concepto del cual he oído hablar desde que empecé a meterme en serio en el Rock y el Metal hace más de 20 años, y ha sido motivo de sueños, ideales, reclamos, y en especial, lamentos. Esto es, el concepto de “escena”, y en particular la existencia o no de una escena colombiana, ya sea una escena general de Rock y/o Metal o una específica de cualquiera de sus varios subgéneros; siendo esto la causa de múltiples discusiones alrededor de su existencia o no, y la búsqueda de causas que expliquen el poco nivel de éxito dentro de estos dos géneros a nivel nacional. Atendiendo exclusivamente a lo que nos reúne en este espacio, el Heavy Metal, quisiera explorar en esta columna que podría significar el que exista o no una escena metalera en Colombia, y contribuir aun cuando sea de forma mínima a este extenso debate.
Para empezar, los antropólogos culturales Jeremy Wallach y Alexandra Levine han avanzado investigaciones teorizando sobre lo que es específicamente una escena metalera, diferenciándola de otros tipos de escenas musicales. Para hacer el cuento corto, estos autores definen una escena de metal como unidades sociales vagamente limitadas, que cumplen por lo menos con dos de las siguientes cuatro funciones:
1. Actúan como canales de circulación del Heavy Metal.
2. Proveen espacios para el consumo masivo de Heavy Metal y sus productos relacionados.
3. Proveen espacios para presentaciones locales y producción de artículos.
4. Promueven artistas locales en redes más amplias con otras escenas.
Aunque proveen otra lista de características propias de las escenas metaleras, para el espacio de esta columna considero que los puntos expuestos anteriormente son suficientes. También vale aclarar a este punto que Wallach y Levine hacen referencia a escenas locales, así que me limitaré por lo pronto a Bogotá que es donde vivo desde que tengo memoria, en vez de toda Colombia, con la convicción que en otras ciudades también se presentan las características expuestas.
Ahora bien, si nos ponemos a revisar cada uno de estos puntos, así sea de manera somera, podremos encontrarnos con resultados más bien positivos:
1. Esto que usted está leyendo es una columna dentro de una página web llamada Metal Live Colombia, la cual le proporciona a usted información sobre música Heavy Metal, tanto local como internacional. Al igual que esta página, existen varios medios de difusión sobre nuestro querido genero musical, muchos de los cuales cubren casi que exclusivamente a las bandas colombianas. Por lo tanto, el resultado de este punto es: cierto.
2. Hasta donde me da la memoria, al día de hoy existen tiendas especializadas en Metal y en varias sus dueños son fans también del género, donde no solo es posible conseguir material de bandas extranjeras, sino también material de bandas locales. En particular, la calle 19 entre carreras 3ra y 9na es conocida vagamente como la calle del Metal, incluso por personas que no son fans, debido a la profusión de este tipo de locales. Resultado de este punto: cierto.
3. Aquí es donde considero yo puede estar el lamento de varios de nosotros, el hecho de que realizar y asistir a conciertos de Metal en Bogotá sigue siendo un esfuerzo que la mayoría de las veces genera pérdidas, y no haber lugares especializados en Metal para hacer presentaciones regulares. Claro, bares de metal existen, pero incluso su supervivencia queda en entredicho, además que no siempre están dispuestos a permitir un concierto por las mencionadas pérdidas, cayendo entonces la culpa sobre el público metalero. Sin embargo, gracias a las redes sociales semanalmente estoy recibiendo volantes de conciertos donde se presentan exclusivamente bandas locales, y muchas veces no es posible asistir a todos porque estos se cruzan en la misma fecha, ergo sí hay espacios para que los actores principales de la escena, bandas y público, interactúen. Por todo esto, resultado: debatible.
4. En cuanto a la promoción de bandas locales en otras escenas, éste es otro punto álgido y de mucha controversia, pero es de notar que de una u otra forma el resto del globo reconoce que en Colombia se hace Metal y todos sus subgéneros, incluso desde los 1990 sellos discográficos y bandas han salido al extranjero. De pronto, no sucede con la frecuencia esperada, y dados los costos, no cualquiera cuenta con esa oportunidad. Por ello, no tengo más remedio que dar resultado: debatible.
En suma, desde estos parámetros podría decirse que sí existe una escena metalera local (cumpliendo 2 de 4), y reitero que lo dicho anteriormente se ve en otras ciudades colombianas distintas a la capital, así que sí se puede hablar de una escena nacional en Colombia. De hecho, no lo tenía en duda cuando pensé en escribir esta columna, y solo quería ratificar mis pensamientos con ustedes. Más bien, considero que son los puntos debatibles los que nos conducen al pesimismo, y van relacionados con ciertas expectativas que he percibido en mis conversaciones con varios metaleros, y que claramente no hemos logrado satisfacer.
En primer lugar, una expectativa rampante frente al Metal colombiano es el que su escena sea económicamente autosostenible, que los metaleros criollos nos metamos la mano al dril, y un concierto no necesariamente represente pérdidas y/o las bandas puedan salir al extranjero. A estas alturas, de pronto los más románticos e idealistas todavía consideren que pueden vivir de tocar en una banda (y ojalá sigan soñando), pero en el mundo que vivimos cualquier acción cuesta, y una expectativa mas mesurada sería aspirar a que por lo menos no nos vayamos en pérdidas. En la mayoría de los casos, esto es lo que parece transpirar en las acusaciones de “falta de apoyo” a la escena, y la verdad no es un tema de fácil solución en una sociedad acostumbrada a “michicatear” y a que las cosas vengan de arriba (todavía recuerdo la ridícula exigencia de algunos por un Metal al Parque), produciendo un círculo vicioso entre un público que no quiere pagar y bandas que no quieren arriesgar.
En segundo lugar, otra expectativa notoria pero más intangible y difícil de definir es la convicción de que no se tiene un sonido propio que nos distinga a nivel global, y que la gran mayoría de bandas son copias de algo foráneo. Curiosamente, sí se dan casos en que se logran distinguir estilos propiamente colombianos, como lo mencioné en mi columna anterior sobre el Ultra Metal, pero se requiere que haya un reconocimiento externo, y aún así se lanzan serios cuestionamientos a su veracidad. Lo anterior, confirma lo que asegura Keith Kahn-Harris en su libro sobre Metal Extremo acerca de las escenas en Suramérica, en las que existe cierta desconfianza hacia lo propio prefiriendo acercarse más al punto de la copia a las escenas extranjeras, en vez de lograr una realimentación mutua como sucede en estas últimas. De todos modos, nadie está obligado a gustarle lo que se produzca en su país de origen, y tampoco las ideas surgen de la nada, obvio van a haber influencias externas, pero de pronto sí requerimos confiar más en lo que estamos haciendo.
Aparte de esto, he de subrayar nuevamente que hablar de una sola escena nacional es bastante amplio, y la verdad es que Colombia es un país muy grande territorial y poblacionalmente, contrario a lo que nuestro imaginario cree, y es indiscutible que el Heavy Metal se mantiene como corriente importante de su cultura subterránea. Por un lado, como lo mencionaba, el Metal nacional no se concentra en Bogotá y es claro que hay escenas interesantes en otras ciudades/regiones, como el ejemplo que nos da el Eje Cafetero. Por otro lado, la evolución del Heavy Metal ha dado a tal variedad de géneros y subgéneros, que incluso en las distintas ciudades se pueden encontrar distintas escenas que conviven, cada una fiel a un género particular del Metal.
No quiero con esto dar un mensaje de complacencia y dar a entender que las cosas están bien como están, todavía mucho por trabajar en el Metal nacional, y tanto público como bandas tenemos responsabilidades por cumplir. ¿No le gusta lo que se le presenta? No vaya a los toques, ni compre los productos de las bandas ¿Aún así cree que la escena debe representar algo que a usted le parce? Arme una banda y muéstrenos cómo se hace, eso sí, con la advertencia de que es posible que no le creamos, profetas hay muchos. El público colombiano logra dejar una buena impresión en las bandas que nos visitan ¿por qué no mostrarle esa misma devoción a las bandas locales que logren impactarnos? En cuanto al sonido propio, eso se logra espontáneamente, sin ninguna planeación, pero si no le damos el chance a que suceda, nadie lo hará por nosotros.

¡Cuernos arriba!

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