MIRANDO AL VACÍO CÓSMICO

Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez #ElProfeDelMetal

Un saludo metalero. Ha sido difícil iniciar a escribir esta columna, luego de tener que entregar varios escritos por otros medios, y además arrancar clases en las universidades (por cierto, las clases de Geopolítica Urbana & Música Extrema volvieron), me han dejado la cabeza en blanco. Es una situación perfecta, porque si hay un tema que ha ocupado un lugar importante dentro de las temáticas del Metal Extremo, este ha sido el vació, ya sea que se trate de la simple negación de elementos vitales como la luz o el calor, un tema existencial, o una de las tantas posibles interpretaciones de la filosofía de Friedrich Nietzsche (lectura nada sencilla). Por otra parte, es interesante ver como también esos sentimientos se expresan desde el punto de vista contrario, desde la gran amplitud del universo y su existencia.

Este ha sido un rasgo muy particular de la época por la que atraviesa actualmente la historia, lo que se ha dado por llamar postmodernismo, en un momento de turbulencia y confusión donde todo es relativo, el que todas las opiniones sean válidas hace que ninguna lo sea. Por ello, no sorprende que en la actualidad surjan un montón de reavivamientos religiosos de toda índole, cada tanto haya una nueva tendencia esotérica o se hable de ambientes tóxicos, es una búsqueda insaciable de respuestas, o por lo menos de un norte. Además, es apenas simbólico que las principales amenazas en seguridad provengan de los llamados ataques terroristas, ataques que se dan en cualquier momento y que parecen surgir de la nada, y que también son representados en personajes como el Guasón de Heath Ledger, cuyo discurso cada día parece ganar más adeptos.

Con esto en mente, es sobresaliente cuando la respuesta a este vacío y a esa nada es el mismo vacío y la misma nada, como lo indican las diversas compilaciones de la melancología, la filosofía inspirada en el Black Metal. En esto, he encontrado muy valiente la postura adoptada por este género extremo, reflejada en buena medida en todos sus subgéneros, en donde se le da vuelta a aquello que causa angustia y se utiliza como herramienta de la cual se extraen fuerzas para hacer frente a una sociedad que se regodea en sus propias falsedades; en una actitud de individualidad muy metalera, por eso me causa cierta gracia cuando lo quieren encasillar en determinados grupos políticos (el postmodernismo y su todo vale). Por supuesto, respuesta particular al igual de las demás ha traído consigo toda una suerte de fanáticos, y de sobra son conocidos los desmanes cometidos por algunos de ellos o la mala actitud de los que se consideran sus únicos poseedores, pero eso no niega que el Black Metal sea un excelente remedio: para vencer al abismo hay que convertirse en él.

De pronto, el abrazar el vacío no sea del todo satisfactorio para algunas personas, quizás haya más que eso y nada como mirar al vasto universo para darse cuenta de ello, y darse cuenta también de lo insignificante que es una vida humana ante el inmenso cosmos. Pero es que no solo son las grandes fuerzas naturales del universo las que logran tal asombro y pasmo, desde el siglo pasado y el crecimiento continuo de las interconexiones, las fuerzas sociales se han hecho cada vez más abrumadoras y sobrecogedoras, y crean una sensación de descontrol sobre la vida propia, en especial cuando en cualquier momento puede estallar una guerra, una crisis económica o una bomba nuclear, que actúan con la misma indiferencia hacia la vida individual como cualquier filme de Stanley Kubrick. Esa indiferencia por parte de estas fuerzas, y el desasosiego y descontrol que generan, fácilmente se asemejan a los horrores cósmicos definido por el gran H.P. Lovecraft, inspirados en antiguos mitos, que le recuerdan al ser humano su ínfimo lugar en un espacio muy grande.

En efecto, en uno de los artículos que escribí recientemente para una revista académica, busqué la relación entre el horror cósmico, las grandes fuerzas sociales internacionales y algunos subgéneros del Metal Extremo, y no salí para nada decepcionado. El primer sospechoso en estos subgéneros que tratan el horror cósmico es el Doom Metal, con sus monolíticos riffs y su ambientación sombría recuerda desde el mismo nombre la inevitabilidad de las fuerzas que se ciernen sobre los insignificantes individuos, además de sus mil y una referencias lovecraftianas. También el Death Metal hace importantes aportes en estas perspectivas cósmicas, en especial sus variantes suecas, y aunque aquí se presenten como inevitables, se hace desde una postura de encarar dicha situación con la frente en alto, sin llamar a falsos dioses, o incluso hacer a lo Morbid Angel, de invocar estas fuerzas. Así entonces, se trata de surfear el mar de la turbulencia internacional.

¿Angustia existencial? ¿Crisis por el futuro? Aquí en el Metal Extremo conocemos la solución a ese tipo de problemas y más, porque es precisamente a ellos a lo que les cantamos. Un buen disco de Darkthrone nos hace comprender la significancia del vacío y la falta de luz y calor, Dismember nos muestra una serie de sucesos sobrecogedores como una corriente de agua siempre fluyente, y Paradise Lost… bueno, el nombre lo dice todo. Podría seguir dando ejemplos, pero les robaría el placer de investigar géneros y bandas, y sería un mal profesor si así lo hiciera, y es un placer de todo metalero investigar estas cosas. De esta manera, les dejo una hoja en blanco.

¡Cuernos arriba!

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