El Profe del metal – METAL HIPERREAL

 

Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez
#ElProfeDelMetal
Un saludo metalero nuevamente, y muchas gracias a todos los que leyeron, comentaron o reenviaron mi columna anterior, como he dicho en ocasiones anteriores esto lo hago por ustedes. En la columna de hoy abordaremos un tema de mucha relevancia en la era de las comunicaciones, más todavía con la proliferación de las redes sociales, donde cualquier información tiene el potencial de ser amplificada más allá de toda proporción, dejándonos a todos los usuarios perplejos sin saber si ésta es verídica o no. Paradójicamente, ahora que tenemos mayor información a nuestra disposición, nuestro vínculo con la realidad parece cada vez más difuso.

De pronto, los lectores más jóvenes y menos familiarizados con el Rock y el Metal se sorprenderían al saber que hubo un tiempo en que los intérpretes de estos géneros, en especial el primero, no eran gente normal, que usaban ropa normal, y vivían una vida normal. Antes de este legado noventero post-grunge, las bandas de Rock y de Metal parecían integradas por seres fuera de este mundo capaces de grandes hazañas, más propias de un cómic o una película de Hollywood. Particularmente, en esa época donde el Hard Rock y el Heavy Metal no eran aún géneros tan claramente diferenciados, las bandas se caracterizaban por ser el villano (Alice Cooper), cuatro superhéroes (KISS), brujos místicos (Led Zeppelin), o simplemente cavernarios con una fijación oscura (Black Sabbath).

De entrada, se ve aquí un fenómeno social que nació y ha tenido auge con la explosión de los medios de comunicación que es la hiperrealidad, que explicada de manera sencilla es cuando lo virtual supera lo real. Recuerdo que mi introducción a las bandas mencionadas y otras por el estilo venía acompañada de toda una suerte de mitos, sacrificios de animales en vivo, ingestión de fluidos corporales de sus fanáticos durante el show, vínculos con la magia negra y el satanismo, o todas las anteriores y muchas más. Y aun cuando esto pudiera sonar muy descabellado, siempre queda cierta desazón al saber que esos rumores no eran del todo ciertos, y que las personalidades detrás de ellos llevaban vidas mundanas y ordinarias al igual que nosotros los ciudadanos comunes. En cierta medida, a los fanáticos de estos géneros nos interesan más los personajes y los mitos alrededor de éstos, que las personas que los encarnan.

En principio, algo que define al Heavy Metal en todas sus versiones es su grandiosidad, y de hecho, esto es lo que marcó su diferenciación con el Punk, luego de la ruptura del material primordial de la década de los 1960 compuesta por Garage Rock y Rock Psicodélico, que ambos géneros reclaman como antecesores. Por su parte, lo que posteriormente sería conocido como Punk se basó más en ese sonido garajudo y la inmediatez que éste trae consigo, haciendo que se prefiera que sus artistas sean más “reales”, y quizás fue esa inclinación hacia la veracidad lo que degeneró a la normalidad aludida anteriormente. Sin embargo, no se puede pensar en el Punk sin tener en cuenta el travestismo de los New York Dolls, la uniformidad y el nombre que aluden al pandillerismo de los Ramones, los estrafalarios atuendos de la tienda SEX en Londres, el horror clase B de los Misfits, o los coloridos pelos en punta de bandas como The Exploited o G.B.H. Retomando, aquello que ha caracterizado al Heavy Metal desde el principio es la grandiosidad, y no es algo que se limite solo al aspecto visual, en repetidas ocasiones se ha demostrado que imagen sin sustento a lo sumo pervive como un mal chiste. La grandiosidad también se percibe sonoramente, por un lado, en los elaborados riffs, en la proeza vocal, y en los intrincados solos de guitarra; por otro lado, los altos volúmenes, las saturadas distorsiones que le son propias, y su impacto rítmico, considerados por lo menos como grandes muestras de masculinidad, han hecho que al día de hoy aún se tejan o se mantengan mitos a su alrededor. Otros géneros musicales han sido acusados por generar violencia, o tienen fanaticadas que les son leales, pero la forma en que el Heavy Metal estimula la imaginación de propios y contrarios continúa siendo muy elocuente.

Llevándolo más lejos, si el Heavy Metal original ya traía consigo una buena cuota de hiperrealidad, esta cobra aún más vida con la llegada y desarrollo de los géneros extremos, que mezclan lo mejor de los dos géneros mencionados en los párrafos anteriores. Quizás, en algunos de estos géneros la puesta en escena y la indumentaria se han aplacado respecto a sus antecesores, son más “reales”, pero desde los inicios del Metal Extremo con el Thrash Metal el aura de rudeza es innegable, y es algo que se ha intentado mantener en los últimos casi 40 años ¿O no los decepcionó cuando una de las bandas pioneras de este género salió vestida como U2? ¿O qué tal ese documental donde se muestran como hombres sensibles que lloran ante la menor provocación? Ahí se los dejo.

Definitivamente, dentro de los géneros extremos, el Black Metal es donde el tema de la hiperrealidad está más acusado. Todos sabemos de los sucesos en Noruega a inicios de los 1990, donde hubo iglesias quemadas y gente muerta, pero aún no hay claridad de qué tanto en realidad pasó, y las declaraciones siguen siendo contradictorias añadiendo a la mística ¿Existió o existe un Inner Circle o una mafia del Black Metal? ¿Realmente se repartieron trozos del cráneo de Dead y se comieron sus sesos? Lo más interesante de este caso es cómo los fans acérrimos de este género procuran llevar la esencia de éste a todo aspecto de sus vidas, generando incluso toda una escuela de filosofía inspirada en el Black Metal, la melancología. No por nada, es el género que más fascinación causa entre los estudiosos del Metal, solo basta con hacer una revisión bibliométrica de libros y artículos escritos alrededor del Black.

Es más, si tomamos como referencia al Depressive Suicidal Black Metal como referencia (en nuestras clases por cuestiones de brevedad preferimos llamarlo Dark Metal), las redes sociales sí que han logrado aumentar el mito. Cada tanto llegan notificaciones de videos acerca de la banda Silencer y las excentricidades de su vocalista Nattramm, cuya identidad es engañosa y sus presuntas acciones no han sido desmentidas. La medicina nunca ha sido mi fuerte, pero algo me dice que no es posible cortarse las manos para luego adherirse unas pezuñas de puerco, de hecho, me lleva a pensar qué cirujano se prestaría para semejante intervención. Aún así, esto no evita que las etiquetas a este video vengan con un mensaje diciendo “¿esto es cierto?”.

Todo esto, podrá sonar de pronto ridículo en una época en la cual se esperan superhéroes realistas, de explicaciones sobre detalladas, y donde maravillarse cuesta bastante, pero en la que ya no sabemos si creer o no lo que perciben nuestros sentidos. Nuestra realidad no la manipulan los medios por si solos, sino que es nuestra interacción con estos y cómo los procesamos lo que lleva a esta hiperrealidad, y en caso de que ésta sea divertida ¿Cuál es el problema? El Metal no es real, es hiperreal, y es eso lo que hace que podamos sentir la adrenalina de un campo de batalla en un concierto, evocar espíritus antediluvianos de puro horror cósmico, o simplemente sumergirnos en nuestra propia introspección. Este es uno de los aspectos que lo mantiene vivo, e inspiro a este profesor hiperreal.

¡Cuernos arriba!

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