LA LIBERTAD ESTÁ EN JUEGO

Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez #ElProfeDelMetal Un saludo metalero. Sin muchas arandelas, la poca libertad que se ha logrado en este país está siendo atacada, y supongo que la mayoría de quienes leen esta columna saben a lo que me refiero: la campaña del concejal Marco Fidel Ramírez en contra de la realización del concierto de la banda de Black Metal Marduk el próximo 5 de octubre, usando como argumento los consabidos alegatos proferidos por los “guardianes de la moral” desde tiempo atrás. Claro, no es para nada descartable que esta sea una treta por parte de este político local para llamar la atención sobre él y/o apartarla de temas más apremiantes que le competen, pero esto no quiere decir que las acciones de este individuo no sean de especial atención.
A nivel macro, algo que hace interesante este caso es el hecho que toda sociedad en su historia construye sus valores, y la gran sociedad que es la civilización occidental y las sociedades occidentalizadas como la nuestra basaron dichos valores en el cristianismo. Lo interesante, y sin caer en el juego de discriminaciones tajantes sin fundamento, es que este sistema de valores es creado por una sociedad que vive en un momento de opresión, y además fue inspirado por otro sistema de una sociedad que fue largos años esclava de otra, y por ello habla de poner la otra mejilla, mantener un perfil bajo, sobrevivir en la austeridad entre otras cosas. Esto se torna paradójico cuando se tiene en cuenta que bajo el nombre del cristianismo se han establecido varios poderes imperantes que en su accionar contradicen tales principios, actuando como actúa cualquier poder, constriñendo y alineando, pero una vez que se desnudan sus falencias revierte a su papel original de víctima, aún más hoy en día que la victimización está en boga.

Más interesante aún, es que desde esa misma civilización nace la libertad como máximo valor, y desde mucho antes del advenimiento del cristianismo como religión, y entre ambos sistemas de valores ha habido una convivencia un tanto incómoda a lo largo de la historia. En principio, la ventaja que se advierte desde la antigüedad en la libertad de expresión es evitar las grandes concentraciones de poder que los primeros occidentales observaban de sus rivales al otro lado del Mar Egeo, que eventualmente llevaban a su ruina al no poder contradecir al “sumo sapiente” cuando este se equivocaba. Si bien hoy todos sabemos que no siempre esa libertad de expresión no se da en todas las ocasiones de manera racional, que de hecho puede tener mucho de emocional, y que no siempre sus efectos son los deseados, cuando menos el que las personas puedan ventilar sus afecciones sin temor a represalias ha funcionado en buena medida como bálsamo social, así sea por catarsis.
Puntualmente, aquí es donde el arte históricamente ha cumplido uno de sus varios roles en la sociedad, ya que este no solo sirve para enaltecer o entretener, sino también para evidenciar los síntomas del momento que vive cada sociedad. No por nada, los regímenes totalitarios más brutales de la historia reciente como lo fueron la Alemania Nazi o la Unión Soviética de las primeras cosas que atacaron y controlaron fueron las manifestaciones artísticas; además, la música por su naturaleza intangible suele ser de los artes más cercanos a las emociones, y de acuerdo a estudios recientes como los de Daniel Levitin también logra en algún momento liberar hormonas como la serotonina y la dopamina (aquellas liberadas por ciertos fármacos), no es de sorprender que sea de las primeras artes en caer bajo la censura. Por ello, es que no debería sorprendernos que aquellas figuras que promueven una visión panóptica incuestionable lancen sus primeros ataques contra las artes, y evidentemente hacia ciertos estilos musicales.

Y es que en este caso se encierran varias paradojas, no solo la ya comentada por los mismos medios masivos de que el concejal Ramírez con su campaña ha logrado que un evento que anteriormente pasaba desapercibido, ahora tenga muchísima mayor notoriedad. Otra que me parece muy interesante es aquella a la que aludí en el párrafo anterior, todo esto le está dando muchísima mayor validez a los ataques hechos desde el Black Metal, presentando a las religiones establecidas como terribles opresoras que solo inspiran violencia. En cierto modo, esto me lleva a mis épocas colegiales donde cada tanto se nos hacía asistir a conferencias donde nos instaban a no comprar ciertas producciones musicales debido a su contenido antisocial, para que acto seguido saliéramos corriendo a la tienda de discos más cercana preguntando por esas placas. De manera casi newtoniana, se podría estar dando una escalada entre dos cruzadas.

En efecto, ahí radica la importancia de la libertad de expresión, el evitar caer en confrontaciones morales tan enconadas que lleven a consecuencias aún más nefastas, a la imposición de una sola mira que nos puede llevar, ahí sí, a un verdadero abismo. La campaña contra el concierto de Marduk es tan solo un síntoma, porque de ahí se empezaría a limitar qué es lo adecuado o no para nuestra sociedad en todos los campos de la vida desde una posición unilateral ¿y quién realmente tiene tanta moral para no errar en ese propósito? Es un síntoma, porque va de la mano de campañas de aún mayor calado que buscan regresar a épocas en donde los cuestionamientos son mal vistos y el poder se hace unívoco, como lo que pretenden hacer en volver a medidas de la constitución política anterior. Aunque esto me aterra, espero poder ir a mi concierto en paz como lo he hecho en ocasiones anteriores, y solo me queda decir, que es gracias a la libertad de expresión que usted puede decir las cosas que dice mi estimado concejal Ramírez.
¡Cuernos arriba!

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