Festivales en Chile. Santigo Gets Louder

Por: Ana Cubides.

En muchas ocasiones los que seguimos ciertas músicas nos preguntamos para que sirven las cifras, los estudios y las estimaciones que cuantitativamente se puede generar de ciertas escenas, conciertos, bandas, discos, entre otros. Si no eres investigador, empresario o intentas ser emprendedor, ¿para qué podrían servir tales datos? Por otro lado, si la misma institucionalidad (el Gobierno) no tiene y tampoco, con su poder, medios y recursos generar datos de sus poblaciones en muchas temáticas culturales, menos, en una industria tan intermedia en la región como lo es la industria del Rock y el Metal. Incluso, sabiendo que la política cultural no ampara a ciertas músicas como el Metal o las apoya de manera indirecta y en ciertos países.

Entonces, de qué manera podemos generar datos estadísticos para ciertos temas tan puntuales como, ¿existe más asistencia a conciertos locales de Rock en los noventa o en esta segunda década del nuevo siglo?, ¿qué aporte origina al PIB de cada país latinoamericano el uso o consumo de diferentes bienes y servicios del Metal? ¿Es necesario tener presente algún tipo de dato cuantitativo para el Rock y sus derivados? O, por el contrario, esos datos no son pertinentes o, simplemente no nos interesan.

Por cierto, y debido al incremento de asistentes proveniente de Colombia a los conciertos, o mejor, a los festivales que se realizan en suelo chileno, especialmente en su capital, sería prudente contar con alguno de estos datos como mínimo para entender este «fenómeno emergente». Si bien Colombia cuenta con una oferta cultural agresiva patrocinada por el mismo Ministerio de Cultura, órganos locales y la empresa privada, además, de una amplia red de festivales de Rock (Rock al Parque, Altavoz, Galeras Rock, Grita Rock, Convivencia Rock, entre tantos otros públicos y privados) con cabezas de cartel internacional y nacional, pero cada año es más común encontrar a una proporción significativa de connacionales en festivales chilenos, dos de ellos, el Lollapalooza y el Santiago Gets Louder, juntos realizados por Lotus Producciones, una de las productoras más importantes de macro festivales tanto propios como de franquicia en Chile.

Las explicaciones a tal «fenómeno emergente» son variadas y amplias, no se mencionarán aquí. Según mi tanteo minusválida(do) para un/a colombiano/a seguidor/a de la música Rock y Metal en vivo, Chile es después de México la plaza más importante para asistir a conciertos de cualquier índole por tres razones: el destino es tentador, al ser Chile un país seguro y refinado; la oferta insistente y exclusiva de en vivos los fines de semana, en particular, la de los macro festivales Lollapalooza, Santiago Gets Louder y el Evil Confrontation (y de los ya desaparecidos Maquinaria, The Metal Fest, Rock Out, entre otros).

Es así como es oportuno preguntarnos, si un estudio de «consumo cultural» de este «fenómeno» es pertinente para los dos países, incluso un tanto más para Chile, ya que sus asistentes colombianos se programan cada año para visitarlos. Aquí no solamente estamos hablando del beneficio hacia los festivales y artistas como tal, sino de todo el rédito que se maneja por turismo. En ese sentido, ¿no estaría «la raja» que este año cubriera una vez más el Santiago Gets Louder en su tercera edición? Sí, este sería el tercer año cubriendo este mismo festival para mi país. En este festival tan grandioso donde he podido ver, cantar, llorar y disfrutar y, especialmente divulgar mis artículos, reportajes y experiencias de bandas tan especiales como Gojira y Lamb of God, de la gira de reunión de System of a Down, de apreciar presentaciones que veía tan lejanas como la de King Diamond (que se estima como uno de los mejores en vivos a los que he asistido) y de ver a Joey Jordison en otra de sus bandas. Además de apreciar por segunda vez a Faith No More, Megadeth y Deftones, a la par, de conocer la escena rockera y metalera local.

Este año, sería mi primera vez con Judas Priest, es un deber darles prioridad a las bandas clásicas, argumentos sobran. Otra prioridad es Alice In Chains, una banda que seguimos muchos/as colombianos/as y que probablemente NUNCA se presentará en Colombia y, por supuesto, a otra de las leyendas que estarán ese viernes 2 de noviembre, el guitarrista de Thin Lizzy, Scott Gorham, ahora con Black Star Riders. Por parte de las bandas locales, sería un reencuentro con Criminal que, desde Rock al Parque 1998 no los he visto.

Es así que muchos viajarán, lo sé. Pero, si aún tienen la duda de viajar a una nueva edición de este gran festival, anímense a asegurar sus entradas, les garantizo un festival de primera con un ambiente de asistentes según cada una de las bandas, de repente te sentirás BDSM en los ochenta con Judas Priest o con chicos con leñadoras rojas y blue jean hasta las rodillas, de aquellos primeros noventa con el grunge de Alice In Chains.

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