El Profe del metal – ULTRA METAL: UN APORTE SINÉRGICO

ULTRA METAL: UN APORTE SINÉRGICO
Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez
#ElProfeDelMetal

Un saludo metalero, es una alegría volverme a dirigir a ustedes. Por puras casualidades, simples coincidencias, o quizás una mayor serendipia, en estos últimos días se me ha invitado a tratar un tema bastante álgido en los últimos años del Metal nacional: el Ultra Metal. Luego de los documentales y escritos hechos por mi colega Juan Sebastián Barriga, las detalladas crónicas de primera mano de mi otro colega Daniel Meléndez, más las conferencias realizadas y demás material disponible, considero que es poco lo que puedo aportar a nivel histórico. De todos modos, mi enfoque académico se inclina más hacia lo nomotético (lo general, las tendencias) que hacia lo ideográfico (lo particular, lo específico); por lo tanto, considero que mi grano de arena a este debate se da mejor de una observación de afuera hacia adentro, que el caso contrario. Aquí aprovecho también el hecho de poder haber hablado con algunos de los protagonistas de esta escena, y poder sacar de ello algunas conclusiones.

Con esto en mente, la mejor forma de encuadrar al Ultra Metal en un plano general es dentro del Black Metal, empezando porque parte del debate es qué tanto influenció la escena de Medellín a la consolidación de este género en Noruega. En primer lugar, hay que recordar que durante buena parte de la década de 1980 solo había una división dentro del Heavy Metal entre el Glam Metal (Pop) y el Thrash Metal (Extremo), y que los demás géneros extremos no se vendrían a consolidar sino hasta finales y cambio de esa década. En segundo lugar, haciendo un rastreo de documentos de esa época, y de textos muy completos sobre el tema como los de Dayal Patterson, la denominación Black Metal inspirada en la canción y el álbum de Venom se les asignaba a bandas que como la mencionada cumplieran tres requisitos: 1) la precariedad de su sonido y su técnica musical (en algunos casos Black Metal era una especie de insulto), 2) un contenido lírico y estético inclinado hacia el satanismo y/o el ocultismo, y 3) una notable paridad de influencias entre el Heavy Metal y el Punk/Hardcore.

Ahora bien, un rasgo general desde la geografía que hallé al preparar mi clase sobre Black Metal es que un número significativo de estas bandas provienen de lugares montañosos como es el caso de la misma Noruega, Grecia o Suiza; islas lejanas como Hawái; o lugares cuya situación política imponía distancias como la antigua Checoslovaquia o Hungría. Algo interesante de estos lugares geográficamente aislados, en especial los montañosos, es que esa distancia promueve sociedades tradicionalistas y encerradas, que tienen poca paciencia para las innovaciones y prefieren mantener su aislamiento. Por eso, no sorprende que estas bandas ataquen principalmente las instituciones religiosas de donde provienen, debido a la fuerte presencia de éstas en estos contextos tradicionalistas.

En ese orden de ideas, Medellín cumple con creces con este patrón geográfico desde su sobrenombre de “La Capital de la Montaña”, y su sociedad tremendamente conservadora y religiosa (solo miren los últimos resultados electorales). Adicional a esto, están las particularidades del contexto histórico de la década mencionada en esta ciudad que le dan un perfil característico a la escena de Metal Extremo que se gestó en dicha ciudad, hoy en día denominada como Ultra Metal: por un lado, las restricciones a las importaciones que llevaban a una escasez de materiales para hacer música, y en especial música extrema en la cual tampoco había personal capacitado para grabarla y reproducirla, haciendo que la precariedad aludida se diera de manera forzosa, rasgo que se comparte con las demás escenas de lugares aislados. Por otro lado, el entorno altamente violento a causa del cartel de las drogas liderado por Pablo Escobar, que sumado a la claustrofobia de una ciudad encerrada generaba una sensación de desespero en la juventud paisa de la época, y de ahí el sonido tan crudo y contundente del Ultra Metal.

A pesar de estas condiciones adversas, gracias a los alcances tecnológicos del momento fue posible crear una red alrededor del globo basada en el intercambio de casetes por vía postal o tape trading, logrando así una influencia mutua entre estas escenas del primer Black Metal. Por ello, en las conversaciones sostenidas con antiguos miembros del Ultra Metal se concordó en que no hubo una influencia causal y directa entre Medellín y Oslo como ha llegado a aseverarse, más bien hubo un aporte interaccional entre esas dos ciudades y varias otras en la construcción de un sonido particular. Eventualmente, sería Euronymous en Noruega quien se daría el trabajo de consolidar el Black Metal como un género en sí mismo, tomando todo aquello que consideraba apropiado de las diversas escenas con las que se comunicó, otorgándole el carácter centrípeto de este género contrario a la tendencia centrífuga del Death Metal.

Es más, otro rasgo compartido del Ultra Metal con el resto de las escenas dentro de la primera oleada del Black Metal es el tema de la hiperrealidad que traté en mi columna anterior, donde los mitos superan la realidad. No solo hago referencia a la ya extendida idea de que la escena paisa fue una influencia fundamental de la escena noruega, como señalé en el párrafo anterior, sino al hecho señalado por los mismos músicos de cómo a los problemas en las grabaciones de estas bandas se atribuyeron a causas sobrenaturales y demoniacas, y no a las probables fallas técnicas causadas por la precariedad de los equipos y la poca capacitación. Incluso se pueden agregar aquí los diversos relatos sobre los desmanes acaecidos en la batalla de las bandas realizada en la plaza de toros de La Macarena, en los cuales el Ultra Metal adquiere un halo cada vez más mítico.

De por sí, el mismo nombre Ultra Metal es una muestra de esa ficción que superar a la realidad, de entrada, una aclaración que salió a flote en las conversaciones mencionadas es que esta denominación apareció tiempo después de que se dieran estos sucesos en Medellín. Al igual de lo que ocurre con otras bandas en varios lugares del mundo cuando se les da una mirada retrospectiva, la clasificación de Ultra Metal fue un nombre elocuente para designar ciertas características estilísticas presentes en un contexto particular. En efecto, el nombre es muchísimo más sonoro que “Metal Medallo”, al parecer la denominación original, y da para pensar en todo un género ya consolidado, lo cual también es debatible.

Para este caso, me remito a la distinción entre género y estilo que se argumenta desde la sociología musical, en la cual el primero es la agrupación de rasgos comunes que permiten la organización de gustos y expectativas frente distintos tipos musicales, mientras que el estilo obedece a las especificidades de casos puntuales. En otras palabras, volvemos a la diferenciación entre lo general y lo particular, donde un género tiene una connotación global y el estilo hace referencia a lo puntual. Debido a que el Ultra Metal fue un fenómeno que se presentó en un contexto muy específico, y además sus rasgos fueron absorbidos en una corriente más grande, sin que hubiese una réplica y continuidad de estos a mayor escala, sería arriesgado considerarlo un género, se podría considerar más bien que es un estilo dentro de la consolidación del Black Metal. Con esto no quiero restarle importancia al Ultra Metal, todo lo contrario, es más un reconocimiento al logro de un sonido propio de un lugar del que no se esperaba que sucediera.

Esto me lleva a otro punto importante, respecto a la continuidad del Ultra Metal y su posterior difusión, es interesante notar cómo de un tiempo para acá se ha dado una suerte de revival de este estilo, ahora tenemos bandas actuales que quieren enarbolar esta bandera. Sin embargo, y respetando la libertad que tienen todas las bandas de definir su camino estilístico, no se trata de una evolución de este estilo sino de un concepto que va ligado al tema de la hiperrealidad que son los simulacros, intentos de copiar cosas cuyos originales no existen. En algunos casos, algunas de estas bandas logran una réplica muy acertada del sonido originario, pero lastimosamente también hay casos donde parece que hacer Ultra Metal es tocar decididamente mal y a las patadas. No creo que sea posible replicar las condiciones que generaron al Ultra Metal en el Medellín de los ochenta, pero como fan de carácter muy dionisiaco debo decir que encuentro satisfactorio el que existan estos simulacros, al ser este un estilo muy de mi agrado.

Así entonces, se puede concluir del Ultra Metal su aporte estilístico desde Colombia al desarrollo del Metal Extremo global, aún si no fue una influencia directa a los grandes géneros, no se puede menospreciar su importante participación. De pronto, el mal sabor que puede quedar de este auge reciente es que se necesitó del reconocimiento foráneo para rescatar la importancia del Ultra Metal, revelando nuestra incredulidad ante nuestros propios productos. No obstante, de pronto este sea el campanazo necesario para que creamos y desarrollemos estilos más propios, y no nos demos por vencidos en el desarrollo del Metal Extremo. Aguante el Ultra Metal.
¡Cuernos arriba!

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