El Profe del Metal primer Artículo “NUEVAS CATEGORÍAS METALERAS”

Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez

#ElProfeDelMetal

En primer lugar, quiero agradecer a los editores de Metal Live Colombia por permitirme compartir con ustedes, sus lectores, la pasión que a todos nos trae a esta publicación: el Heavy Metal. En esta columna en particular se analizarán muchas de las corrientes y movidas de este gran género musical, y específicamente aquello referente a las corrientes y movidas que conforman el gran subconjunto denominado Metal Extremo. No es para nada descabellado concluir que si el Heavy Metal es el cénit de la música que los psicólogos califican como intenso-rebeldes, el Metal Extremo es hasta la fecha la única música que logra darle a sus seguidores una inyección de adrenalina equiparable a un campo de batalla, sin sus efectos adversos.

Pero un momento, me estoy adelantando un poco al propósito de esta columna, en la cual espero compartir con ustedes los hallazgos y reflexiones que han surgido durante la clase de Geopolítica Urbana & Música Extrema que he conducido durante cinco semestres. Enfrentémoslo, todos los fans del Metal en todas sus formas somos a nuestra manera expertos en la música que amamos, de hecho, parte de lo que nos identifica como metaleros es el tiempo dedicado a estudiar las distintas bandas que existen, los diversos géneros y subgéneros que han aparecido, y en especial, a conocer la historia de todos los sucesos importantes del Heavy Metal. Por tal motivo, no me presento ante ustedes como un experto, sino como alguien interesado en estudiar el mejor de todos los géneros musicales, y que intenta entender los contextos que lo generan y los múltiples factores que entran en juego dentro de éste desde lo social y lo geográfico.

Dicho esto, algo muy llamativo dentro de este género musical es la copiosa clasificación de subgéneros y sub-subgéneros dentro de éste, que si bien no le es exclusivo ni es el que más subgéneros contiene, es algo que los metaleros nos tomamos muy en serio otorgándole un perfil más científico, o cuando mínimo más académico (de hecho, es la base de la clase). Ahora bien, hay sectores muy vocales que van en contra de tales clasificaciones, incluso algunos dentro de esta página o célebres músicos como Lemmy Kilmister o Chuck Schuldiner, alegando que se trata más de una estratagema comercial que otra cosa. Aunque no se equivocan del todo, tampoco se puede afirmar que no existan diferencias amplias entre las varias corrientes musicales que tienen como base el Heavy Metal, y que éstas no traigan consigo divergencias estilísticas de peso.

En consecuencia, no puedo negar que esta clasificación es una de muchas cosas que me atraen del Metal en general, además que en términos de la clase ayuda a entender de una manera más sencilla de qué va esto del Metal Extremo. Por ello, fuera de las usuales distinciones que conocemos, Ej.: Thrash Metal, Death Metal, Black Metal, etc.… en este espacio me propongo presentar algunas de las distinciones que he elaborado a lo largo de la clase, una referente a la estética, otra referente al sonido de las bandas, y una última sobre el mismo público. Esto con el fin de ampliar los debates dentro del Metal Extremo, y así llegar a un mejor conocimiento sobre éste, además de que algunos compadres metaleros me han solicitado que clarifique estos conceptos que han visto en mis clases.

La primera distinción, al igual que la tercera, la tomo de los tropos literarios que abundan hoy en día en varios medios de comunicación masiva, en este caso puntual del arte japonés. En algunos de los relatos del folklor de dicho país se contraponían dos Oni (demonios), uno rojo y el otro azul; mientras que el primero era exuberante, ruidoso y a ratos humorístico, el otro era más bien callado, pausado y en ocasiones lúgubre. No es difícil entonces empezar a mirar cómo estos dos demonios (algo de por sí ya muy metal) pueden ayudar a categorizar de manera global los dos tipos de estéticas que se manejan en el Metal Extremo.

Por un lado, los géneros rojos son aquellos que se concentran en la agresión y la descarga de energía, cada vez que suenan bien podría simularse una pelea o un combate en la mente del oyente, y de ahí que sean géneros que se manifiestan en buena medida de forma física. Igualmente, las imágenes y la iconografía utilizada por estos géneros tienden hacia el horror: lo que se ve, pero no se logra lo procesar; lo físicamente abyecto, lo grotesco y lo brutal encuentran amplio espacio aquí. Por lo tanto, esto hace que los conciertos sean los que más se asemejen a campos de batalla y el pogo, mosh, o como se quiera llamar hace una notable presencia, y suelen tener un carácter más colectivo, siendo una experiencia más extrovertida. Aquí se encuentran el Death Metal, el Grindcore, el Thrash Metal entre otros.

Por otro lado, los géneros azules tienen su enfoque en las atmósferas y la creación de paisajes sonoros, éstos evocan más un sentido de ritual en la imaginación de quienes los escuchan, y suelen tener una apreciación más bien contemplativa. En cuanto a la estética visual de estos géneros hace mayor presencia el terror: lo que no se ve y por ello causa inquietud al reconocer su presencia; lo espiritualmente abyecto, lo fantasmal y lo paranormal inundan las imágenes de estos géneros. Esto lleva a que los conciertos tengan un fuerte carácter individualista, donde cada asistente entra en una suerte de trance o estado meditativo, y las manifestaciones corporales obedecen más a la recepción interna de los sonidos, siendo una experiencia más introvertida. Aquí se encuentran el Black Metal, el Doom Metal, y varias corrientes del Folk Metal y el Progressive Metal.

En cuanto a la segunda distinción, ésta surgió durante la redacción de un artículo sobre las escenas locales que espero pronto sea publicado, y se debió a la necesidad de encontrar diferencias sonoras más puntuales más allá de los géneros globalmente aceptados. En este instante, nos vimos enfrentados a las limitaciones del idioma español debiendo tomar prestado del inglés, y puntualmente las ambigüedades que puede generar el término “crudeza”, que es un referente generalizado en escenas como la colombiana a causa de su falta de recursos. Quizás estás categorías se traslapen con las anteriores, pero bien se podrían dar casos donde un sonido azul o rojo coincida con una de las variantes de crudeza expuestas a continuación.

Una versión de esta crudeza es lo que en inglés se llama crude, haciendo referencia a lo hosco, a lo explícito, incluso a lo vulgar. El sonido crudo bajo esta categoría hace referencia a las bandas, subgéneros o escenas que privilegian esa contundencia en su sonoridad y sus líricas, aquí prima la técnica con tal de que logre el cometido de martillar los sentidos de los oyentes, no como una exploración sonora. Esto podrá sonarles a algunos lectores como una descripción del Brutal Death Metal o el Goregrind, pero aquí también cabrían géneros en principio azules como el Bestial Black Metal, que logran una atmósfera contundente.

La otra versión de la crudeza es un vocablo que sí es más familiar entre los oyentes del Metal, y es el raw como término utilizado para grabaciones de baja fidelidad y música hecha con más visceralidad que técnica, que en muchos casos es dejada de lado. En efecto, acá se hace referencia a este tipo de interpretación que ya se ha tornado en otro de los tantos prefijos clasificatorios (Ej.: Raw Black Metal), añadiendo en que este caso se trata de algo deliberado en donde los protagonistas son el gusto por el ruido, como también cierta afinidad con los subgéneros más atronadores del Punk como el Crust o el D-beat. Además de los sospechosos de siempre, como el ejemplo mencionado, se pueden considerar aquí como el Death Metal tipo Estocolmo (Raw Death Metal en algunos sectores) o el Mincecore. Esta distinción la utilizamos para comparar las escenas primigenias de Medellín y Bogotá D.C., dejo a los lectores con la inquietud para abrir el debate.

Por último, en cuanto a cómo se podría clasificar al público metalero, me ha llamado mucho la atención los comentarios hechos en discusiones alrededor de una cerveza, por redes sociales, o leyendo las críticas elaboradas en los medios especializados, en cuanto a la dirección musical que debe tomar el Metal. Es interesante notar lo acaloradas que se pueden tornar las discusiones, y lo mucho que revela de las personas que defienden una u otra posición. Este es un debate que no es exclusivo al Heavy Metal pero que por sus mismas características presenta una interesante contradicción: ¿Debe el Heavy Metal ser considerado un arte de alto nivel, o por el contrario debe mantener su estatus de arte popular?

Por una parte, están los apolíneos que consideran que la habilidad técnica y la exploración sonora en el Metal son atributos deseables, y que las bandas deben buscar una evolución en su sonido (eso sí, dentro de los parámetros del género). Desde esta posición se defiende el virtuosismo que ha existido desde los inicios de este género musical y ha sido un componente importante en su desarrollo, bandas por el estilo de Opeth o Megadeth son celebradas en este grupo, y obvio se defiende el componente de alta cultura. Lo negativo de esto, es que se puede caer en cierto elitismo, que cae antipático y puede ser en exceso limitante.

Por otra parte, los dionisiacos se inclinan más por conservar la agresividad sonora y estética del Metal, es en esta posición donde se hace más radical la idea de que las bandas no deben “venderse” cambiando su sonido. Aquí el atributo histórico a rescatar es la posición de marginado orgulloso, defendiendo la idea de que el Metal debe ser pesado y brutal, y las bandas más representativas son por el estilo de Cannibal Corpse o Slayer, en las que intercambiar las canciones entre los distintos álbumes de sus discografías no hacen mayor mella. Al igual que su contraparte, aquí se presenta un aspecto negativo, y es que estas actitudes llevan al estancamiento y falta de originalidad que cunde en ciertos momentos.

Con todo esto, espero haber proporcionado nuevas perspectivas para el debate, me mantengo firme en mi idea que en cuanto más uno es apasionado por algo más quiere saber de esto, y cuanto más sabe, más se apasiona. La idea no es generar mayor división o crear equipos, soy el primero en conceder que las categorías expuestas anteriormente no son discretas (no son equipos de fútbol), y que no es obligatorio casarse con una en demérito de las demás; más bien, nos muestran los desarrollos socio-musicales que ha tenido nuestro amado género. No queda más sino agradecer su lectura, y quedo atento a todo comentario, pregunta, crítica y madrazo que se les ocurra.

¡Cuernos arriba!

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